sábado 18 de julio de 2009

Réquiem...


Y la banda de viento hace sonar los tristes acordes de una marcha fúnebre cuyo eco se pierde entre las faldas de la Matlalcueye.

Hoy, es 18 de Julio. Un año de un triste y desgarrador derrotero.

No quiero recordarlo, mas como proeza fue memorable. El caminar sin rumbo por la montaña, buscando una respuesta a mi ser, a mi existencia, buscando el pulso de mi corazón que recién acababa de detenerse.

"Y el ídolo cayó del teocalli. Se esparció en varias piedrecillas. De él nada quedó. Solo de su rostro una lágrima fue soltada. Y solo sus ojos quedaron viendo, directamente a esa Luna que se perdía en la oscuridad nocturna. El corazón deshecho, la piedra destrozada, la cabeza caída... los ánimos muertos..." (La Destrucción del Ídolo. Relato)

Y esta fue nuestra desgracia. Desgracia que para unos fue fortuna, para otros alegría, alevosía, tal vez incluso para otros coincidencia. Y, también, para la Luna que brillaba en Tlachco, simple indiferencia...

Las más altas cumbres de la Matlalcueye vieron mis lágrimas, enjugadas en los claros de su bosque, los pajarillos que a mi caminar trinaban fueron testigos de mi derrota, el corazón sangrante, el ánima muerta.

Leí en cierta ocasión un Magníficat. Alegría, felicidad, rayos de luz y de sol emanaban de tal oración. Sin embargo, frente a dichas palabras se haya también un pobre y sórdido Réquiem, que resuena en el instante preciso en el que llega a mi mente aquella Luna...


Réquiem.

¿Cuál era entonces mi función?

¿Atestiguar tu indiferencia, tu dolor?

Ha pasado un año, y aunque no lo creas,

La herida sigue abierta. No se ha podido curar.

Cada que veo tu rostro, cada que te pienso,

cada que te hablo, siempre añoro aquella tarde de julio.

Dicen que vivo del pasado: Lo siento demasiado. Mi oficio es Historiar.

Hoy, a un año. Demasiadas cosas han pasado.

El tiempo corre y los que ayer fuimos no somos hoy nada.

Aún recuerdo las callejuelas, los caminos polvorientos.

El magueyal que resguardaba el camino de la Matlalcueye.

Aún veo a lo lejos Apizaco, los valles, los volcanes perdidos a lo lejos.

Aún te pienso y te recuerdo. No te he olvidado...


Este cadáver que yace a tus pies, fue el mismo que no mataste aquella tarde. Este cadáver que ves tirado, incorrupto después de un año, es el mismo que no repasaste ante su herida. ¿Por qué no acabaste de una vez con él, si herido y agonizante lo tenías? Murió de dolor, murió de tu indiferencia, murió de ese corazón que si bien en Enero había acogido con venia mi sentimiento, para Julio estaba pisoteando a ese mismo.


5 de Enero. No lo olvido. Jamás. Desde ese entonces no te olvido y no te he podido olvidar. Cuando te pienso, cuando te recuerdo, cuando te evoco. Me pregunto dónde estarás, qué harás, cuáles serán tus sueños, qué pensarás.

Mañana, entre mis gentes el alcohol correrá. Fiscales, Mayordomos, Tiaxcas... No ignores y no pases en alto que unos cuantos tragos correrán en tu nombre.

LuNa: Qué cruel ha sido el destino, la vida, la existencia...


"El Indio Jamás Olvida..."