Y la vida sigue.
Y esta historia tiene su fin: este sueño se ha terminado para despertar de nuevo. No sé siquiera cómo lo he hecho, de aquel instante mágico que en pesadilla culminó. Sin embargo, heme aquí de nuevo, silente, serio, con la profunda mirada que contempla el corazón y penetra hasta el fondo del alma.
No sé siquiera cómo comenzar a despedirme de vos: tantas ideas concurren en este momento en mi mente. No sé siquiera cómo alejarme de ti, dejar de tenerte en mi mente, en mi ser, no sé cómo levantar la cara al poderte encontrar en algún momento fortuito, ni siquiera sé que hacer con este corazón malherido.
Adiós niña, adiós. No hasta luego, ni hasta pronto, ni siquiera hasta siempre: Adiós. Es un adiós silente, lúgubre, lejano, frío. Sé que es difícil separarse de alguien a quien quisiste con todo el corazón y el alma, pero ni modos, ¿quién dijo que el desamor era dulce?, si mas bien es amargo y doloroso.
Ya no queda más de ti en mi y ya no queda más de mi en ti. Ya no somos nada: amigos, hermanos, colegas, camaradas. Al final de cuentas nunca nos conocimos, nunca estuvimos juntos, nunca fuimos algo. Nunca.
Y sin embargo aprehendiste mi corazón de una manera tan única: me postré ante tu gloriosísima persona: ante tu dulzura, ante tu alma, ante tu corazón, ante tu mente, ante tu belleza, ante tu ser. Pero ¡qué más da! ya no queda nada.
Sólo te digo adiós, solo te digo eso porque el corazón se enmudece, porque la garganta se hace un nudo al quererte hablar, porque los ojos se nublan al quererte ver por última vez, porque la nariz pierde todo sentido al querer percibir tu aroma, porque los oidos ensordecen al querer escuchar tu voz. Porque me has matado. Y he aquí tu obra, y he aquí el cuerpo de aquel enamorado de ti que se despide para siempre.
Y ya empiezan los acordes de la música a hacerse presentes. El insante lúgubre está llegando, el corazón se hincha más de dolor y de tristeza. Ya no te voy a ver, ya no voy a reir contigo, ya no voy a platicarte, mucho menos a pasar la noche entera platicando de vanalidades de esta vida.
Ya no.
Te veo por última vez, miro tu rostro, aquel que me enamoró profundamente de ti. Te siento cerca de mi, sigo nervioso como todas las veces que pude estar a tu lado. No olvido aquella mañana sentado contigo en el parque, mucho menos el instante que abrazado a ti te llevé a tu casa.
Y sin embargo, todo queda en recuerdos. Recuerdos dolorosos, llenos de alegría, lúgubres, luminosos. De todo hay en mi mente en este momento. Y mientras la múica me hace inspirarme para recordarte y volver a ti, no puedo más que despedirme con el dolor en el pecho y en el alma que tanto me oprime; pero cuya cura es únicamente el separarme de ti, el irme de tu lado para jamás volverte a ver, para jamás volverte a querer, para nunca de los nuncas volverte a amar.
El sonar del viento me hace de nuevo volver la mirada hacia ti. ¿Recuerdas cuando te dije que te quería conocer una tarde de otoño con el viento acariciando tu faz y viendo al sol ponerse? ¿Recuerdas la noche que pasé platicando contigo, sin querer separarme de ti? Yo aún lo tengo presente; aún el corazón me hace evocarte.
Y sin embargo, te tengo que expulsar de mi. Ya no aguanto más! No sabes cuánto daño me hace el pensarte, el soñarte, el recordarte, el evocarte!
Pese a todo ello aún sigo aquí. ¿Por qué? Porque, desafortunadamente, aún te quiero. Y ese cariño es el que me daña tanto, haciéndome propenso a volverte a buscar, a volverte a querer, a volverte a amar.
Por favor! Apártate de mi! ¿Qué no ves que me lastimas más y más cuando llegas a mi mente? ¿Por qué me haces evocarte? ¿Por qué me haces buscarte en el fondo de mi pecho? No puedo ignorarte ni olvidarte. Aún veo tu sonrisa, aún escucho tu voz, te siento tan cerca mío. Y allí estás, te quiero alcanzar, pero es la realidad, la cruel pero verdadera realidad, la que me hace reaccionar para no volverte a ver.
¿Te puedo volver a ver? No quiero y no debo. ¡No tengo! Y sin embargo he hablado tanto de ti: mis amigos, mis maestros, mis hermanos y hasta mis padres saben de ti. Y todos te admiran, y te presumo, y te alabo ¿Por qué? Porque para mí eras la mujer perfecta. Porque te veía sin defectos, porque te veía única, tan propia, tan divina. Eras para mi, mi devoción, mi patronazgo, mi advocación. Por ti hubiera hecho tantas cosas. Por ti. Pero ya no. Lograste destrozar mi corazón de una manera tan única que me tiene muriendo en una lenta y dulce agonía.
No te das cuenta de tanto dolor. Eso es bueno. No quiero participarte de todo esto. Al contrario, déjame ahogarme en mi propia sangre, que mana de la herida profunda que dejaste en mi. Otra vez, has llegado a mis recuerdos: Esa noche, en Guanajuato, cuando la callejoneada recorría aquellas bellas construcciones coloniales volví a tenerte en mi mente: Pensé en llevarte, en quedarme contigo ese día, en tal recorrido, escuchar contigo tan sendas canciones que llenaban de alegría, de pasión y de amor el alma. De comprarte unas rosas, tan bellas, tan lindas, tan únicas como tú. Cómo quise haberte llevado allá. O siquiera a la vieja Antequera, con sus calles, con sus gente, con su música, con su cultura.
Ya nada pudo ser. Nada.
Cómo extraño tu sonrisa, tus manos, tu belleza. Cómo extraño tus expresiones, tu alegría. Cómo te extraño! Pero dentro de ese amor perdido aparece el silencio para jamás volver a decir todo esto que te he mencionado. ¿Por qué? Porque ya no te quiero en mi vida. Ya no te quiero en mi mundo, en mi existencia, en mi ser.
Ya no! Me lastimas tanto que creo que si sigo así terminaré hecho huesos. Pero qué más da. Qué más da. Que seas feliz, que es lo último que creo tener que decirte. Que siempre mires al cielo y levantes las manos agradeciendo a Él por todo. Que cuides a tu familia, a tus amigos, a los tuyos, a los que tanto quieres. Pero principalmente, que ames con toda el alma a aquél que es dueño de tu corazón. Hazlo feliz y se que él te está haciendo feliz. ¿Sabes? Me voy de ti por tu felicidad, por tu bienestar, por una sonrisa tuya. Es cruel y difícil el separarse de la persona a la que amas; sin embargo, cuando esa persona tenga como principal intención el ser feliz, y tu quedas como un estorbo para su felicidad, Ni modos a hacerse a un lado, a mejor apartarse del camino. No importa que duela, es por el bien de ella y también por el tuyo.
Y las lágrimas comienzan a brotar más y más, y un lamento lastimero hace eco en el fondo de mi pecho... Sin embargo, ya nada puedo hacer. Solo orar por ella, solo dejarla libre, dejarla volar, solo irme de su lado, para no estorbar más su camino.
Ya me voy, ya me estoy empezando a despedir al fin. Es doloroso, es lúgubre, es tan fuerte que ataca al corazón, que si bien ya está malherido, ahora tiene otra herida de donde mana sangre. Sangre que viene de un sacrificio, un sacrificio por amor. No sabes cuánto te extrañaré, no sabes cómo me sentiré al tenerte lejos de mi, sin embargo, sé que esto es lo más saludable para los dos. Mi amiga, mi camarada, mi colega, mi niña. Son las últimas palabras que te dedico para volver a acallar mi corazón en un vacío de tristeza y soledad. Es el último instante en el que puedo volver la cara para verte, es el último momento en que cierro los ojos y expiro para tí. Ahora mismo... acabaré.
Gracias, Amor. Por esta Serena Desventura.
Albertvs Hernandensis Floris
Tlauhpilo Yaoquizane Xochime
Alberto Hernández Flores.
A ANYA ABIGAIL MONTIEL LOPEZ
ADIÓS.